El masaje infantil en India

Tenemos dos sobrinas y he tenido la oportunidad de ver cómo se trabaja el masaje infantil en casa.

El masaje infantil en India forma parte de la rutina diaria del bebé y a pesar de que muchas veces lloran durante el transcurso del mismo, sus madres (o abuelas) saben que es lo mejor para ellos y continúan firmemente con su tarea. Es un arte que se transmite de generación en generación y se podría decir que trasciende a aspectos técnicos.

También he trabajado con bebés en Londres y Bilbao y comparativamente, tengo la sensación de que aquí ejercemos menos presión, quizá producto de la inseguridad de quien masajea o, porque tenemos tan arraigado el concepto de la fragilidad del bebé que tememos hacerle daño si presionamos demasiado. Además, nos genera mucha tensión que el bebé llore, tensión que inconscientemente, transmitimos a nuestro bebé creando un círculo vicioso del que es difícil salir y acabamos abandonando el masaje.

En España, existe la AEMI (Asociación Española de Masaje Infantil) como referencia. También, cada vez más, en los propios centros de salud se imparten talleres después del nacimiento en los que enseñan a las nuevas madres a masajear a sus bebés.

En cuanto a la literatura, destacaría dos libros clásicos:

“Shantala: Un arte tradicional. El masaje de los niños.” Describe el masaje de forma poética y se ilustra con fotografías. En algunas librerías he visto que ahora también se vende acompañado de un vídeo.

“Masaje infantil: Guía práctica para el padre y la madre” Muy completo, mucho más técnico y con orientaciones claras para problemas concretos (cólicos, hipersensibilidad…)

En la foto, un grupo de abuelas en la Fundación Vicente Ferrer masajeando a sus nietos.

Masaje Infantil. Fundación Vicente Ferrer

“En el vientre de la madre, la vida era de una riqueza infinita.

Sin hablar de los ruidos y de los sonidos, para el niño todo estaba

constantemente en movimiento.

Puede darse que la madre se levante y camine,

que se dé la vuelta, que se agache,

o que se ponga en puntas de pie,

que limpie las legumbres o maneje la escoba…

Cada cosa es una ola,

cada cosa es una sensación para el niño.

Y aunque la madre descanse, aunque tome un libro y se siente

o aunque se acueste y duerma,

no por eso cesa su respiración

cuya tranquila marejada,

cuya resaca,

continúa acunando al bebé.

 

Y después,

pasada la tempestad del nacimiento,

el niño está ahí solo, en su cuna.

(…)

¡No hay nada que se mueva!

El desierto.

 

(…)

 

Afuera, adentro…

Ya está: el mundo partido en dos.

Adentro, el hambre.

Afuera, la leche.

El espacio

ha nacido.

 

Adentro, el hambre:

afuera, la leche.

Y entre los dos

la ausencia,

la espera,

que es indecible sufrimiento.

Y que se llama

El tiempo.

 

Y es así

que, simplemente,

con el apetito,

han nacido

el espacio

y la duración”

 “Shantala” Fréderick Leboyer 

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