Dios(es), enfado y meditación

Dios es Amor.

Recibí gran parte de mi educación en un colegio católico y seguramente, mi visión de esta religión aún mantiene algunos trazos “infantiloides” debido a que en su momento fue la forma en la que me la transmitieron. Probablemente, si a día de hoy hablara con un teólogo, él se encargaría de depurar y actualizar muchos de los conceptos que me inculcaron de pequeña. Pero sí, la frase que recogían los libros de texto, que cantábamos en misa y que  se repetía como un slogan en nuestras aulas era: “Dios es Amor”

Así que cuando llego a India y me empiezan a contar que Shiva, uno de los dioses más emblemáticos y con mayor número de seguidores es “el dios destructor” no entendía nada ¿Cómo puede ser que se esté venerando a un dios con tan mala leche?

shiva

Fuente de la imagen: AQUI

Claro que luego te pones a pensar… y el Dios católico tampoco es que se dedique única y exclusivamente a la vida contemplativa, claros ejemplos de que a veces también le da por fruncir el ceño son el diluvio universal o las plagas de Egipto.

Shiva, según me explica la gente del pueblo, que seguramente tenga la misma visión infantil de su religión que yo de la mía, es el dios destructor porque sin la destrucción no es posible la construcción y este “destruir-construir” es fundamental en una doctrina con una perspectiva cíclica de todos los procesos vitales. Shiva también es el dios de la meditación y del yoga, que son sus herramientas para controlar la ira. (Sí, también es el dios de la marihuana que fuma para calmarse)

Claro, entonces, llegados a este punto, sí veo que hay una diferencia entre las dos religiones: Por un lado, el hinduismo reconoce un instinto destructor que existe y que puedes controlar a través del yoga y la meditación (dejemos las drogas por el momento), y por otro lado, desde el catolicismo, da la sensación de que la ira (uno de los pecados capitales) es algo negativo que debe reprimirse, aunque el propio Jesús “la lió parda” con los mercaderes en el Templo:

Y me parece que el matiz es relevante en el sentimiento de culpa que pueden vivir personas de una y otra religión en su día a día.

Lo que se propone desde la meditación, es una toma de conciencia del momento presente. Explicado de forma muy básica sería algo así como “No estoy bien, estoy intranquilo y esta intranquilidad se debe a que me siento enfadado”, después de este reconocimiento de sensación, no aferrarse a ella, aceptarla, no enjuiciar, ni culpabilizarse por el sentimiento, vivirlo como tal y dejarlo fluir en nuestro interior. Se presupone que la mera toma de conciencia previa a la “explosión” del enfado, seguramente conducirá a una mejor gestión de la ira y a una vuelta más rápida y eficaz a nuestros niveles basales. No sé cuán eficaz es, pero hasta ahora, me parece una alternativa más interesante que la mera represión.

El pasado ya pasó y no tiene vuelta, el futuro nunca llega porque cuando llega es presente; la única realidad real es el presente”

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